domingo, enero 16, 2022

JJésica Pérez estaba en situación de ‘cautiverio’ clara evidencia de la gravedad de la Violencia de Género a la que estuvo sometida por parte de Miranda

San Luis. Alrededor de las 13:00 horas en la jornada de este viernes, se llevó a cabo una nueva manifestación por parte de familiares, vecinxs y organizaciones sociales feministas frente al Juzgado de Concarán, en el que reclamaron justicia ante la jueza Patricia Besso.

Jéssica Pérez, vivía en un paraje cercano a Potrerillos, con su pareja Hugo Miranda y sus dos hijos de 2 y 6 años.

La pesadilla, no inició cuando Miranda envió un mensaje a la familia supuestamente ‘preocupado’ por lo que habría sucedido a JJésica.

La pesadilla diaria, constante, interminable para la joven data de años, de una historia sin cese de violencias.

Miranda, la tenía sometida al extremo y con la total naturalidad de un sujeto sumamente violento, en un pueblo en el que todavía se cree que lo que sucede en una familia, sucede puertas adentro y no corresponde involucrarse.

JJésica, vivía completamente aislada, sin amigas, mucho menos con amigos; encerrada, alejada de su familia por completo, asustada, amedrentada, al punto tal, de que nadie tenía noticias suyas.

Su madre había asistido a la justicia ordinaria de Familia para poder ver a su hija y su nietx de vez en cuando. La mediación judicial permitió que madre, hija y nietx pudieran verse de modo incipiente una vez al mes, luego 3 0 4 veces al año y con posterioridad, otra vez la imposibilidad por completo de reunirse en familia, obviamente consolidado por Miranda.

Este‘hombre’ no permitía ningún contacto con JJésica. Ni siquiera podía la joven madre llevar a sus propios hijos al control médico. Lo hacía él mismo. No por una situación de gusto sino por el evidente control sistemático que ejercía sobre ella. No le permitía salir, y mucho menos relacionarse.

JJésica, vivía en una piecita sin ventanas, con una puerta que eran dos tarimas atadas con alambres y que cuando él -la pareja- se iba, -cuentan lxs vecinxs- le ponía candado“.

JJésica, no podía salir, estaba en situación de encierro. No salía de ése campo, no salía de ése lugar, la tenía prácticamente secuestrada a ella y a lxs niñxs. No había posibilidad alguna para JJésica. Nada para su vida, no podía ir a caminar, ni estudiar, no podía hacer nada por sí misma. Estaba totalmente disminuida en todos sus derechos. Totalmente sometida. No gozaba de la libertad de la que gozamos todas las personas”, aseveró Paula a Diario Atenea.

“En varias oportunidades, fueron las asistentes sociales quienes debieron acercarse a conocer cuál era la situación de lxs niñxs, y la situación del embarazo de JJésica, también velar por los calendarios de vacunaciones y ésta, es una muestra más de un montón de situaciones que daban cuenta del secuestro que sufría JJésica“, continuó diciendo la prima de la joven.

La pandemia, tal como demuestran las estadísticas nacionales, empeoró la situación de muchas mujeres en situación de violencia, a las que se le sumó la imposibilidad de traslado, de búsqueda de ayuda, de situación de denuncia. Más aun, se complejizó la situación particular de JJésica que debió lidiar con el encierro -literal- del candado, la pandemia y el aislamiento a la ésta obligó. Además, de estar en un medio rural totalmente inhóspito y en soledad.

¿Dé qué manera pediría ayuda JJésica?, ¿sola? ¿en un medio hostil?, ¿sin resguardo, ni refugio? ¿sin temor a ser asesinada por el hombre que la mantenía cautiva y en la más absoluta soledad, a ella y a sus hijxs? No temería además, por represalias para con sus hijxs?

¿De qué manera denunciaría la madre de JJésica, sin ayuda, sin alguien o un organismo o una institución que protegiera y resguardara la vida de su hija y sus nietxs? ¿cómo evitarían las represalias del mismo tipo, que ya había enviado a su hija varias veces al hospital? ¿Las instituciones intervinientes no pudieron actuar? ¿por qué? Conocían la situación de precariedad, vulnerabilidad y peligro constante en la que se encontraba JJésica.

La secretaría de Mujer, Diversidad e Igualdad, no poseía conocimiento de la situación, ya que no se buscó ayuda de ése organismo, aseguró Paula.

Todxs eran víctimas de la violencia que este hombre de apellido Miranda, ejercía sobre la joven y sus hijxs, y sobre la madre de la joven. Si algo intentaban en su ayuda era peor y todavía peor en la lejanía y en la absoluta soledad que horadó la autoestima, la psiquis y el cuerpo golpeado de una mujer violentada bajo el control permanente de un potencial femicida.

La madre de JJésica vive en Renca a casi 50 km. de donde residía su hija, “se acercaba a caballo, en una distancia enorme para hacerlo, o esperaba que algún sobrino la acerque, siempre en circunstancias complejas y adversas. La madre tenía terror de hacer algo, de pedir ayuda y que Miranda descargue contra su hija o sus nietxs”.

No cabe duda alguna sobre la feroz violencia que experimentó y sufrió sistemáticamente la joven mujer: psíquica, física, moral a su integridad y los daños tremendos efectuados sobre su persona con la privación de libertad. No cabe duda, la grave responsabilidad que tiene en este hecho la pareja de la mujer, con el agravante del vínculo y en situación de desigualdad, es de manual.

Citar, para hablar de violencia de género, por ejemplo :“desigual distribución del poder y relaciones asimétricas que se establecen entre varones y mujeres en nuestra sociedad, que perpetúan la desvalorización de lo femenino y su subordinación a lo masculino. Lo que diferencia a este tipo de violencia de otras formas de agresión y coerción es que el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el solo hecho de ser mujer”, entre muchas otras citas y no está demás aclarar que cuando todos los vínculos del entorno son cortados como en este caso, -también es de manual-, el femicidio es inminente.

El segundo calvario, inicia con la recepción de un mensaje que envía Miranda a la familia de JJésica preguntando ‘si saben qué sucedió con Jéssica‘; esto pone en alerta a la familia y es el tío de JJésica, Ángel Pérez, quien se comunica con la Comisaría de la localidad de San martín y desde allí le informan que habían encontrado sin vida a la joven.

La familia decide acudir al paraje donde vivía JJésica, en cercanías de Potrerillos, al llegar, alrededor de las 20:00 horas, encuentran todo en total oscuridad, relatan, “no había luces de sirenas, ni alarmas, todo estaba en total silencio”. La mamá de la joven, es quien acompañada por un familiar decide entrar a ver qué sucedió, los policías le informan que la joven “se había ahorcado en las afueras de la casa, en un bañito chiquito“.

La madre y el padre insistieron hasta que se les permitió ver el cuerpo a lo lejos, “estaba muy hinchado, llegaron a pensar que tenía un embarazo, estaba muy morado su rostro y también sus ojos. No tuvimos comunicación formal de nadie, ni de la policía, ni de la justicia, ni de Bomberos”, sostuvo Noelia, otra familiar de JJésica.

Una vez que el cuerpo fue trasladado, se realizó la autopsia que arrojó datos compatibles con suicidio, lo que la familia niega rotundamente, ya que dicen conocer la violencia que padecía y la vida de sometimiento que llevaba la joven junto a su pareja Hugo Miranda, padre de sus hijxs.

“Estaba en situación de cautiverio, el no permitía que nosotros la viéramos. Muchxs de nosostrxs -en referencia a la familia- no conocíamos a lxs hijxs de JJésica, que tienen 6 y 2 años. Y criticó las palabras del juzgado ante la audiencia de mediación solicitada para que Miranda les permitiera ver a su hija y nietxs, “desde el juzgado le dijeron a la mamá de JJésica que su hija estaba en una buena familia, que como mamá se quedara tranquila, que la iban a contener”.

En tanto, la reautopsia solicitada por su familia, se haría en el transcurso de este sábado, por la mañana, entre las 10 y 11 horas y la junta forense contaría con la presencia de un perito de parte.

Además, la familia pidió a la jueza interviniente, que cite a la psicóloga del Hospital de Tilisarao, que asistió a la joven en ocasión en que la madre la llevó porque estaba golpeada.

También, solicitó que se investigue el ingreso en los hospitales y nosocomios de salud y las veces que la joven llegó a la atención médica golpeada; citaron también al Hospital de La Toma, en donde aseguraron estuvo internada dos días con suero, debido a la golpiza y a su frágil estado de salud, “ya que estaba anémica y deshidratada”.

Paula aseguró a Diario Atenea que existen exposiciones policiales que dan cuenta de la violencia sufrida por JJésica.

Finalmente solicitaron que la investigación y la reautopsia se realicen desde la Perspectiva de Género, como corresponde según las legislaciones vigentes y la aplicación de la Ley Micaela, sobre las capacitaciones pertinentes en los tres poderes del estado, lo que obliga al Poder Judicial a estar capacitado frente a casos de violencia de género.

Diario Atenea

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