domingo, enero 16, 2022

Migrantes y tráfico humano en el corazón del Papa

El autor de esta nota -periodista, escritor, analista de política nacional e internacional- demuestra que ya sea como Jorge Bergoglio en la diócesis porteña o como papa en el Vaticano, Francisco siempre dio prioridad a su preocupación por los que no tienen patria y las vìctimas de la humillante trata de personas.  

Por Lucas Schaerer

La misa contra la trata en Buenos Aires. (Foto: Julián Álvarez)La misa contra la trata en Buenos Aires. (Foto: Julián Álvarez)
La sensibilidad del Papa Francisco por las víctimas de trata y los migrantes es uno de los pilares de su era. En Buenos Aires su evolución de iglesia en salida, o callejera para sus términos más porteños, abrió su capítulo, allá, en el 2008. Bergoglio ese año decidió cobijar en una misa a propios (los curas de las villas, las hermanas Oblatas, Red Kawsay, las parroquias del Decanato, el Departamento de Migraciones, el Equipo No a la Trata de la Comisión Nacional de Justicia y Paz) y extraños (las organizaciones populares: el Movimiento de Trabajadores Excluidos y la Fundación Alameda).La unidad para luchar, rezar, pensar y trabajar por los migrantes, las víctimas de trata y los excluidos.

Al próximo año se animó a más y desbordó a todos, tanto en la iglesia como a la militancia política e intelectual que en su mayoría aún no lo descifraba. El entonces cardenal llevó la misa al corazón de la trata y la exclusión en la Ciudad de Buenos Aires. En la Plaza Constitución, en la esquina de avenida Garay y Salta, rodeado de costureros rescatados de talleres clandestinos o fábricas textiles sin derechos laborales, cartoneros que traccionan la recolección del descarte del consumismo, mujeres que intentaban revivir del tenebroso mundo de la narco-explotación sexual, familias del campo sometidas a la servidumbre. Todos ellos se dieron la paz, entre el rezo del Padres Nuestro y el Ave María, y clamaron junto al jesuita por la conversión de los explotadores desde la plaza pública.

Pasaron 13 años y esa misma misa callejera bajo el lema “por una sociedad sin esclavos, ni excluidos” se abandonó sólo en el año pandémico. El jueves pasado, se retomó la celebración religiosa como cada 23 de septiembre, por otro gran gesto de Bergoglio que es recordar la primera ley en el mundo que condena la explotación sexual, que fue autoría de Alfredo Palacios.

El reciente oficio religioso con los migrantes en el Vaticano.
Sin escenario y un micrófono que no funcionaba, el obispo de los curas de las villas, Gustavo Carrara, brindó la homilía a laicos, monjas, militantes sociales, gremiales y políticos, entre ellos el secretario general de la Unión de Trabajadores la Economía Popular (UTEP), Esteban “Gringo” Castro. Acompañaron la celebración de la palabra de Dios y la eucaristía, el obispo salesiano, Juan Carlos Romanin, el cura villero Lorenzo “Toto” Vedia y un puñado de sacerdotes. Las ofrendas desde el improvisado altar fueron desde un carro con cartón, hasta un libro con el testimonio de víctimas de trata sexual pasando a un afiche para la prevención de la explotación.

En su último libro “Soñemos juntos”, el Papa Francisco recuerda qué significó para él la misa-callejera por las víctimas de trata y la exclusión: “allí, en esa multitud orante, sentí el Buen Espíritu…lo que vi en la gente que se juntaba en la plaza Constitución era la multitud que seguía a Jesús: tenía dignidad y se organizaba”.

Estas son solo unas palabras de unas seis hojas donde el Pontífice revindica ir a las periferias y abiertamente marca las diferencias con las élites religiosas; para ello cita el ejemplo de Jesús “que derribó muros para estar cerca de su pueblo, en medio de su rebaño” porque el Señor sabía que “desde los bordes llega la esperanza…abracemos la periferia…los movimientos populares son sembradores de futuro, promotores del cambio que necesitamos: poner la economía al servicio del pueblo para construir la paz y justicia y defender la Madre Tierra”.

Migrar en pandemia
Pocas veces en la historia se produjo una oleada de migraciones como la que se da en el presente.Pocas veces en la historia se produjo una oleada de migraciones como la que se da en el presente.
La imagen de los migrantes haitiano detenidos como ganado por los sheriff en la frontera de Estados Unidos dio la vuelta al mundo. La crisis migratoria no se detuvo ni siquiera con la mayor pandemia global de la historia. Pese a las fronteras oficiales cerradas, los vuelos de avión detenidos, las cifras de los organismos internacionales, ONU y OIM, estimaron en 280 millones de personas que huyeron de sus países sólo en el año 2020.

Los líderes de los nacionalismos cerrados y gobiernos que proclaman beneficios para los migrantes, pero en cuanto pisan su tierra los encarcelan y deportan, se incomodaron al escuchar a Francisco por la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados.“Hacia un nosotros cada vez más grande” fue el lema del Vicario de Cristoa los más de 1.300 millones de personas bautizadas. “Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. Ojalá que al final ya no están “los otros”, sino sólo un ‘nosotros’”.

Esa frase resonó este domingo 26, enel santuario Nuestra Señora Madre de los Emigrantes, en el barrio de La Boca, frente al Hospital Argerich sobre la calle Necochea. Es justamente la iglesia donde Bergoglio cardenal acogió la unidad entre creyentes y militantes populares para luchar en favor de las víctimas de trata y los excluidos.

En Buenos Aires los migrantes mostraron todo el color de su cultura delante de la Virgen Madre de los Emigrantes y el Cristo de San Damián:ropas, bailes, música y comidas de los venezolanos, peruanos, paraguayos, dominicanos hasta senegaleses y nigerianos. La danza colombiana encabezó la recorrida del Santísimo Sacramento entre los fieles. Este santuario, muy colorido por sus inmensos vitraux, significa para los migrantes la casa de fe, de la contención social, jurídica y hasta educativa que dirige en La Boca la congregación de los “scalabrinianos”, llamados así por el beato Juan Bautista Scalabrini, apóstol de los migrantes.

A pocas cuadras de allí, también este domingo, pero por la tarde, sobre la calle Pedro Echague casi San José, en la sede de la UTEP,los senegaleses musulmanes celebraron su más importante fecha de fe llamada: “gran Magal de Touba”.Por la pandemia, tanto respetando los protocolos como las dificultades por los costos financieros tras un año de frenarse la venta en la vía pública, la celebración religiosa de los senegaleses se amplió a Morón, Ezeiza y La Plata.

“A todos los hombres y mujeres del mundo dirijo mi llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, a recomponer la familia humana, para construir juntos nuestro futuro de justicia y de paz, asegurando que nadie quede excluido” es el mensaje del Sucesor de Pedro nacido y criado al fin del mundo.

Bergoglio siendo arzobispo demostró donde estaba parado en la plaza pública de Constitucióny siendo obispo de Roma no perdió su carisma. Su primer viaje de sotana y solideo blanco fue a la periférica isla de Lampedusa, en el extremo sur de Italia, a homenajear a los miles de migrantes que mueren ahogados en el mediterráneo, en su mayoría africanos y de origen musulmán que escapan de las guerras civiles, hambrunas o sequías en sus países.

El Papa de los migrantes y refugiados sigue abrazando afganos que escapan de los talibanes, como ocurrió el miércoles pasado, o se lleva para en el Vaticano a 12 refugiados sirios musulmanes que conoció en la isla griega de Lesbos.
La predica del primer Papa latinoamericano tiene el peso de sus obra.

Télam

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